RAID LIBIA-08
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Finalmente lo conseguimos. Cuando salimos de aquí sabíamos que no sería fácil, las autoridades libias habían restringido el acceso a varias zonas del sur del país, especialmente al Akakus, por lo que había la posibilidad de que no se pudiera acceder a esa zona, con el consiguiente disgusto por parte de todos los participantes. Esto nos empujó a no darnos por vencidos antes de hora y a seguir con nuestro plan de viaje, el que todos esperaban, una Libia espectacular, empezando por el Erg Awary, que cruzamos de norte a sur, practicamente "a cuchillo". Cuatro noches de acampada. Un chiste tras otro, buena cena y buen vino en excelente compañía. Una vez en Al Awainat y después de una impresionante tormenta de arena que, por suerte nos pillo en el cámping, nuestro guía Abdul nos confirmó que no había ningún problema para acceder al Akakus, así que hacia allí partimos al día siguiente. El Akakus fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, por su belleza espectacular, con sus montañas rocosas con formas imposibles, recordando a un paisaje lunar y el contraste del negro de la roca con el color de la arena. Y también por los innumerables grabados y pinturas rupestres que podemos observar en las rocas. Fotos y más fotos, el lugar lo merece. Acampamos cerca del Gran Arco y al día siguiente partimos hacia Col d'Anaï. Otra duda nos asaltaba, en el control, ¿nos dejarían pasar, teniendo en cuenta que nuestra ruta pasaba practicamente por encima de la frontera argelina? Abdul no lo tenia muy claro, pero finalmente no tuvimos ningún problema. Aquellos pobres militares, abandonados en medio de la nada, parecía que estaban encantados de que estuviéramos allí, haciendoles compañía durante un buen rato. Incluso nos hacían fotos con su teléfono móvil. Tan solo nos pidieron que no nos desviaramos hacia el sur, pues cerca de allí había una patrulla argelina, que nos podía interceptar. Y entramos en el Col d'Anaï, espectacular subida entre roca y arena. Después, poco a poco, fuimos entrando en el Erg Murzuq. Impresiona su inmensidad. Grandes cordones de dunas enormes, casi sin pausa, durante kms y kms. Como éramos un grupo relativamente pequeño (9coches) y dado que la mayoría de participantes eran bastante experimentados en este tipo de viajes, el grupo se movía muy bien y fuimos tomando ventaja al plan inicial, acampando cada día bastante después de lo previsto en principio. Esto fue crucial cuando nuestra querida Joana tuvo un percance bajando una duna, no precisamente una de las más difíciles, pero que causó un golpe en la espalda, ya anteriormente lesionada de Joana, que quedó tendida en el suelo sin poder incorporarse, ni tan solo sentarse. Josep, que es ATS, tras valorar la situación y después de consultar, mediante el Thuraya, con una médico conocedora de la anterior lesión de Joana, le administró calmantes y antiinflamatorios y empezamos a pensar como podíamos hacer los preparativos para sacarla de allí, pues nos quedaban unos 100 km hasta el pueblo más cercano, Murzuq, la mayor parte de ellos de dunas. Pere se ofreció a utilizar su 105 como ambulancia, así que procedimos a vaciar la parte de atrás, cargando sus maletas en otros coches y dejando solamente la cajonera, sobre la que debíamos colocar a Joana. Instalamos allí un arnés y unas cintas tensoras, para asegurarnos que se moviera lo menos posible y procedimos a subirla utilizando unas planchas de arena más grandes de lo habitual, a modo de camilla. Como Pere iba solo, Àngels se ofreció a acompañarlo para atender a Joana en caso necesario. Nos pusimos en marcha, buscando los pasos más fáciles y las bajadas menos pronunciadas, para que Joana sufriera lo menos posible. Y el camino se nos hizo eterno, parecía que no íbamos a llegar nunca. Todos en silencio, nadie hablaba por la emisora, todos sufriendo con Joana. Finalmente llegamos al pueblo de Murzuq y después de tenernos allí un buen rato, con Joana todavía en nuestra improvisada UVI móvil, nos dicen que no pueden hacer nada porque ni tan solo tienen un aparato de rayos X, así que cuatro coches, Pere, Josep, Manel (el marido de Joana) y nosotros mismos, nos vamos hasta Sebha, a 150 km, donde hay un hospital mejor y donde podrán atender a Joana. El resto del grupo se irá con Ibrahim, el conductor y Abdeshalam, el policía, hasta el cámping de Tekerkiba, donde pasaremos la noche. En Sebha parece que va para largo, el RACC tiene que confirmar que hay una lesión importante antes de efectuar la repatriación, así que después de unas horas, y en vista de que Joanan ya está atendida, decidimos irnos hacia el cámping, eso si, dejando a Abdul, que habla español, con Manel, para lo que necesite. Ibrahim y Abdeshalam seguirán el viaje con nosotros. Y empezamos la última parte de nuestro viaje, la espectacular ruta de los lagos. De nuevo fotos en lo alto de la duna, con el lago al fondo y de nuevo la maldita subida que cada año nos empeñamos en subir. Una vez quedaron 4 coches sin llegar arriba, la última desistimos pues había coches con 125cv que no parecía pudieran llegar arriba, así que no teniamos muy claro que esta vez lo consiguiéramos. Pero teniamos que intentarlo. Se puede pasar por otros lugares, de hecho toda esa zona parece una autopista, pero aquí no había una sola rodera. Y la verdad es que esto ya se ha convertido en una cuestión personal. Se trata de una gran duna que hay que subir en varios tramos y esta vez la arena estaba muy blanda. Costó bastante, pero lo conseguimos, todos desinchados a menos de 1kg y...para arriba!!! Acampamos temprano, pues llevábamos un día de adelanto sobre lo previsto y disfrutamos de la última noche en las dunas. Seguiamos en contacto con Manel y Abdul, que nos informaron que al día siguiente una ambulancia les llevaría hasta Trípoli y de allí, en avión, vía Roma, hasta Barcelona. La última acampada sería ya cerca de la carretera, camino de Sabratha, donde nos esperaba un magnifico hotel, nuevo y al lado de la playa. Como llegamos con tiempo, comimos y algunos decidieron ir a ver las ruinas, aunque finalmente no pudieron porque cierran muy temprano. Por la mañana se reunió con nosotros Abdul, que había llegado en avión desde Sebha, para poder despedirse de nosotros y tramitarnos la salida en la frontera. Solo nos quedaba salir de Libia, cruzar Túnez y embarcar de nuevo hacia Marsella. Queremos agradecer a todos el compañerismo demostrado durante todo el viaje, especialmente durante el traslado de Joana al hospital. Estuvisteis todos magníficos, colaboradores y avispados a la hora de encontrar soluciones. Ya podéis ver algunas fotos del viaje en la galería o pinchando aquí.
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